En 2019, OpenAI anunció que no liberará la versión completa de GPT-2 por considerar que podía facilitar “aplicaciones maliciosas”, incluyendo campañas automatizadas de desinformación; en su lugar, lanzó una versión mucho más pequeña del modelo; generando una enorme cobertura internacional. Meses después, versiones cada vez más grandes de GPT-2 son liberadas gradualmente hasta publicarse el modelo completo y el mundo, por supuesto, no se terminó. Este año, Anthropic replicaría el modelo: sobre Claude Opus 4, se diría que podrían ser capaces de ayudar a potenciales terroristas a crear armas biológicas o a provocar una pandemia; posteriormente apareció Claude Mythos Preview, presentado como un sistema tan peligroso en materia de ciberseguridad que la empresa decidió no liberarlo, pero si entregar una versión a un selecto grupo de grandes empresas y bancos… el mismo relato, solo leves diferencias.
Más allá de los riesgos reales que toda tecnología avanzada puede implicar, existe un fenómeno comunicativo: el “Marketing del apocalipsis controlado”. Se trata de una estrategia comunicacional en la que los propios creadores de una tecnología amplifican los posibles peligros de estas, a veces de forma especulativa, mientras se posicionan simultáneamente como los únicos capaces de gestionar la amenaza con responsabilidad, ética y seguridad.
La lógica es simple: primero se construye la percepción de un peligro extraordinario y luego se ofrece tranquilidad al afirmar que ese peligro está bajo control gracias a quienes lo crearon; en otras palabras, se buscan titulares que celebren a las empresas por contener incendios que, ellas mismas dicen controlar, fósforo en mano, o bien que son más propios de la ciencia ficción que de la ciencia formal.
Esta estrategia no surge en el vacío; premisas como: “Tu hogar puede ser el próximo objetivo”, “El futuro de tu familia está en riesgo”, son conocidas por todos, debido a que forman parte de una práctica común: “el uso del miedo como herramienta de atención mediática y persuasión pública”, las amenazas existenciales captan hipnóticamente nuestra atención y hacen volar nuestra imaginación, desatando emociones muy fuertes y durante décadas, distintas industrias las han utilizado recurriendo a narrativas de crisis, colapso o desastre inminente para captar la atención del público, viralizar mensajes y acelerar decisiones. Como en una película de suspenso la idea de que “el punto de quiebre está cerca” mantiene a la audiencia al borde de su asiento.
El marketing del apocalipsis controlado lleva esta lógica un paso más allá y ya no solo presenta un peligro, sino que integra ese peligro dentro de una narrativa donde la empresa tecnológica conserva el dominio sobre la situación y entonces Frankenstein controla a su monstruo encerrándolo en la Caja de Pandora, que luego guarda en su bóveda, el resultado es una combinación particularmente efectiva de miedo, autoridad y escasez, en relatos corporativos donde el riesgo ni se oculta, ni se minimiza; por el contrario, se coloca bajo los reflectores, pues el peligro es parte central del relato.
Dentro de esta estrategia dividida en 5 actos:
Primer Acto / Construcción del poder: Antes de hablar del peligro, primero se construye la percepción de una capacidad extraordinaria. No se presenta simplemente una innovación tecnológica; se presenta algo potencialmente capaz destruir el status quo, narrativa que busca mostrar el vaso a punto de desbordarse. Mientras más grande parece el poder de la herramienta, mayor es el valor simbólico que adquiere la empresa que la controla.
Segundo Acto / El riesgo existencial: De seguido el discurso se desplaza hacia escenarios de posible daño profundo: pérdida de control humano, desempleo masivo, la ciberseguridad volando en pedazos, etc; estos riesgos no necesitan de ser presentados con precisión técnica y tampoco es ese el objetivo; lo importante es que el escenario sea lo suficientemente creíble y ambiguo para generar impacto emocional.
Tercer Acto / El control: Aquí aparece el núcleo real del modelo: “El protagonista de la historia no es la amenaza, sino quien afirma poder contenerla” y la misma empresa que advierte sobre el peligro se presenta también como el actor más preparado para administrarlo de manera responsable. La lógica es poderosa: si el riesgo es tan grande, entonces solo quienes entienden la tecnología deberían regularla, desarrollarla y supervisarla; el miedo termina convirtiéndose en una fuente de legitimidad.
Cuarto Acto / Encerrar a la bestia y liberar al cachorro: En esta etapa aparece una dinámica recurrente: se afirma que cierto sistema es demasiado “peligroso” para ser liberado públicamente, mientras se presenta una versión “más segura” y limitada para consumo masivo. La narrativa transmite una idea muy específica: existe una tecnología enorme y potencialmente descontrolada que permanece encerrada por responsabilidad ética, aunque una versión reducida sí puede ser entregada a la humanidad.
Quinto Acto / El fin nunca llega: Este es el elemento que permite que el ciclo continúe indefinidamente. El apocalipsis nunca termina de llegar; pero siempre está cerca y cada nueva presentación, advertencia o debate reactiva la atención pública y el esquema se repite: “crisis, contención y nueva crisis”. De esta forma, las empresas logran mantenerse en el centro de la conversación mediática.
Aquí también entra en juego el papel de los medios de comunicación, dado que un titular alarmista suele viralizarse mucho más rápido que un informe técnico sobre mejoras incrementales o avances científicos verificables, por ello, muchas veces la prensa termina funcionando como amplificador involuntario de estas narrativas; es un relato diseñado para generar impacto y transformarse en titulares virales y es precisamente ahí donde surge una pregunta importante para el periodista: ¿Cuánto de este discurso responde a una preocupación legítima y cuánto responde a una estrategia de posicionamiento?. Comprender el marketing del apocalipsis controlado permite recuperar perspectiva.
Tanto Open AI como Anthropic han generado réditos del marketing del apocalipsis controlado, pero debe tenerse cuidado, esta no es una estrategia comunicacional agresiva y conlleva la distorsión de la realidad en un mundo cada vez más necesitado de fuentes confiables de información, el recurrir al fatalismo de marketing del apocalipsis controlado presenta graves implicaciones éticas, dado que una estrategia constante de mercadeo basada en el alarmismo inevitablemente llevará a la desensibilización de la ciudadanía y entonces: ¿Qué pasará cuando la alerta sea real o inminente?
Aclaro algo importante: reconocer este fenómeno no implica negar los riesgos reales de la inteligencia artificial. La IA plantea desafíos legítimos en materia de ética, seguridad, manipulación de información, concentración de poder y empleo, temas que, dicho sea de paso, las tecnológicas evitan, temas reales que pierden la prominencia ante finales del mundo inexistentes. La ciencia debe abordarse con rigurosidad, no con sensacionalismo, las personas merecen rigurosidad, no ciencia ficción.

Jorge Porras Cartín.
Consultor en Comunicación Política y Analista.
CEO / Noelix Media.

